Tengo sospechas de mi existencia, un camino o varios, perdida en mi misma, en penumbras me encuentro, el no saber me asfixia, y en esta parálisis, lucho por salir, por verme entera, Por conectar, y destruir muros, cadenas que impiden que aflore el conocimiento…de la vida misma, mi vida…
Y doy vueltas y vueltas, buscando respuestas.
¿Quién soy?,
¿Hacia donde voy?,
¿Cual es la salida?...
Me aquieto, en esta serenidad … un atisbo, ¡la salida está dentro!, en lo más profundo, comienzo a conocerme, me acepto, encuentro la escalera mágica (las laderas hacia el autoconocimiento, un viaje a lo más profundo de mi misma).
Desde arriba todo es distinto, y al integrarme con mi todo y el absoluto reconozco los caminos de lo eterno.
El desconsuelo abruma mi corazón, la angustia se apodera de mi razón, mi alma llora con razón,
Que el tiempo se lleve mis recuerdos, que el sol seque mis lágrimas que el tiempo sane mi herida que la arena borre tus huellas auque el mar en tiempos las reviva.
Hoy, trato de enlazar las palabras que con lágrimas salen de mi alma, palabras que acompañarán esta tristeza por una ausencia que no esperaba, no ahora, no aún, no todavía.
Hoy, la nostalgia me visita trayendo a la memoria recuerdos de ese gran hombre, un abuelo maravilloso, lleno de fuerza, lleno de vitalidad, lleno de vida, lleno de esperanza, siempre dispuesto a ayudar, a entregarse al otro, hasta que la enfermedad empezó a hacer mella en él, atenuando la luz que en él brillaba intensamente, luz que iluminaba nuestros días.
Hoy, parece que las palabras también se despiden de mí tengo tanto que decir… pero su ausencia enmudece mi voz cautiva mi pensamiento y sencillamente no puedo, o no como yo querría, no como tú te merecerías.
Abuelo, esto te quiero decir, y sé que me escucharás porque no te has ido y nunca te irás porque estás en cada latido en cada lágrima en cada suspiro
Ahora mismo estás, estás vivo, pues tu esencia sigue tu recuerdo, tu ejemplo tu valor y tu esfuerzo han quedado plasmados en nuestra memoria y escritos con letras doradas en nuestro corazón.
Abueloamado, tus palabras vivirán en mi alma las recordaré cada mañana, ahora mismo la tristeza me quita la calma pero hago muy mío tu recuerdo, tus besos, tus abrazos son un tesoro interminable.
Miquel, abuelo mío, hombreadmirable, no has muerto, y nunca lo harás porque no se muere cuando el corazón deja de latir se muere cuando en los recuerdos se deja de existir y tu estas presente estás aquí, estás vivo, para todos estás vivopara mí.
Te amo abuelo, y cuando llegue a tu lado enséñame a volar, como me has enseñado a vivir.
Otra vez encaramada en el tren de letras, letras nacidas del dolor, del vacío de nada, de no sentir, más que el peso de las cenizas que quedó después del incendio; el incendio generado por haber quemado, de nuevo, algunos luctuosos recuerdos.
Sin embargo, por más que lo intente, siempre terminan volviendo. No son los ojos de alguien fijos en la mente y distantes en el recuerdo, ni siquiera es la nostalgia de extrañar lo perdido... Bueno, tal vez lo último sea lo que más se asemeja a la situación.
Es una mezcla extraña entre soledad, frustración, cansancio. Descansar, sería un alivio, pero... ¿De qué? sí no ha pasado nada relevante, pues de esta sensación de agotamiento... Y sin embargo, hay tantas cosas por hacer aún, y no hay energía suficiente como para hacer cambio alguno.
Son ganas de todo y nada al mismo tiempo, es a veces querer comerse el mundo, y otras, en cambio, dejarse comer por él. Como pasar de la tristeza al dolor, luego a la euforia, al optimismo, y todo en los mismos cinco minutos.
Lo anterior mezclado con un torbellino de nubes grises, un clima frío sin muchas actividades por hacer, y si añadimos un toque de música para recordar, se puede brindar con las lágrimas que corren por la cara de un intento de escritora frustrada, medio poeta y medio loca, pero siempre medio, porque fue lo que medio quedó después de la destrucción, después del incendio, después de intentar erigir otra vez las ruinas de lo que alguna vez fue...
Para simplemente quedarse en versos vacíos y lastimeros, en medio llorar, medio escribir, medio vivir, sin sentir nada excepto cierto vacío un tanto doloroso. No es el coraje producto del engaño, no es la tristeza consiguiente a un abandono. Es el grito interior por la pérdida del ser, del yo, al no ver más que tinieblas donde antes había todo un camino por recorrer.
Es la asfixia, por ver el tiempo correr, así nada más, sin poderlo detener, sin poder hacer nada, sin que alcance para nada; la impotencia de ver que uno es el mundo para alguien... Cuando ni siquiera se tienen los pies puestos en este planeta. Culpa de ver la vida esfumarse, sin saber qué hacer con ella, culpa de amanecer sana, respirando, bajo techo, en un entorno amigable...
Y a pesar de todo, abrir los ojos maldiciendo el nuevo día. Mientras la poca materia gris utilizada los últimos minutos para escribir empieza nuevamente a caer en el ya usual letargo en que ha estado sumida, el alma se aferra a estas pocas líneas escritas, por sentir que se hizo algo, que se logró algo provechoso en este tiempo muerto como la plomiza tarde de hoy, donde todo transcurre casi igual.
Pero no, aún hay versos, aún hay esperanza de algún día volver a ver el color en medio de la oscuridad; Recuerdos sigue habiendo muchos, aún después del incendio, aún después de la tormenta...
Todavía, tras la estela de humo que el dolor ha dejado, siguen ahí los recuerdos; latentes, persistentes, como una fiera esperando el momento justo para atacar a su presa. Y ¿qué más hace uno, sino rendirse y entregarse a este bálsamo sublime que son las letras? uno de los pocos espacios, donde, debido un poco a la locura y en parte a la sinestesia, aún existen los colores.
Ese maldito momento de plena inconsciencia... ese odioso momento en el que la ira se apodera de todo tu ser. Cuando te das cuenta de cómo has sido humillada en repetidas ocasiones, en incontables situaciones te han ido probando, probando hasta donde eras capaz de zambullirte, tu has ido cediendo, no has sabido o no has querido enfrentarte a ello, por el puto miedo al rechazo. Así, de esta manera has ido sucumbiendo, te has dejado hundir hasta naufragar junto a su mísera aparentemente bien llevada existencia, llena de envidia, de celos, de superficiales deseos. Qué infausta verdad, les has dado la razón que no tienen, te has convertido en lo que precisamente querían, para que puedan vivir en su falsa felicidad llena de una real y triste amargura. Te has intentado volver loca para que su realidad no se deforme hasta hacerles ver lo mustia que es su conducta. Te crees lúcida... Despierta. Entonces lo ves, sientes que la ves, que ves la verdad... Recuerdas como te has dejado maltratar, y con falsa vehemencia i fiereza, la impotencia te atrapa, tantas son las cosas que ahora cambiarias, que ahora dirías, pero tu tren pasó, ya no puedes,… arrebato ineptitud,… la inutilidad te abruma. Se agita tu respirar, como si con eso pudieras contenerlo. Empiezas a sentir como fluye la sangre. Cómo algo se enciende dentro de ti. Algo que quema. Sientes que crece. La mecha se acorta y sientes cada chispazo. Queda poco tiempo. La sangre te martillea la cabeza. Es incesante. La ira te domina. Todo se junta en esta masa inestable. Todo se mezcla y condensa... Crece… Aprietas los dientes. Lo que sea para mantenerlo dentro. Quieres gritar, pero no puedes moverte. Todos los músculos de tu cuerpo se tensan hasta que sientes que tiran de tus huesos. Cierras los ojos pensando que tal vez, cuando los vuelvas a abrir todo habrá pasado, pero no es así. Lagrimas tibias recorren tu cara. Empuñas las manos con tanta fuerza que sientes las uñas enterrarse en tu palma... pero no sientes dolor. Solo se siente el sonido de los latidos cada vez más fuertes de tu corazón desde lo más profundo de tu alma hasta la punta misma de tus dedos. Golpeado tus oídos… Sientes que todo se levanta. Que todo se acerca y aleja a la vez... Rojo, todo se ve rojo. Aprietas aun mas los dientes. Es inútil. Te sientes... inestable. Brillas. El fuego se concentra… Se acerca el momento, no tardará... Estas de pie, no sabes cuando te levantaste. Miras hacia arriba... Corre el sudor por tu cuerpo que ya pierde. Sientes que hierve dentro de ti. Ya no aguantas el grito que aprisionas en tu garganta. Sientes que el alma y toda su rabia saldrán afuera... y temes no recuperarla... Algo lucha dentro de ti. Y no quieres dejarlo salir. Pero es fuerte y tu estas cansado. La mecha se acaba... La mecha ya no existe... recuerdas un eco mudo... un triste ruego de ayuda... Abre los ojos...
Mi querido amor, no sientas temor, no te muevas y no hables, nadie podrá estropear este momento, quédate quieto sólo quiero mirarte, tenemos toda la noche, toda la vida y ahora quiero mirarte, tu cuerpo para mí, tu piel, tus labios, cierra los ojos, nadie podrá molestarnos, estoy aquí, justo a tu lado ¿ me sientes? Al tocarte por primera vez, te toqué sólo con mis labios, tú sentiste el calor sin saber dónde, tal vez sobre tus ojos, presioné mis labios sobre tus ojos y tú sentiste mi calor,... Abre los ojos ahora amado mío, mírame...tus ojos fijos en mi, tus brazos elevándome, deslizándome sobre ti, mi débil quejido, tu cuerpo temblando, esto no tiene final ¿ lo sientes? sigue siendo el principio. No estaremos siempre volviendo atrás la cabeza, yo para siempre me limpiaré las lágrimas, este momento debería pasar, pero ahora el momento existe y este momento continuará desde ahora y para siempre...pero pasará, juntos lo pasaremos...
Te asomas a deshora por las grietas de mi alma, despertándome en la aurora de los tiempos, y me llenas de palabras incoherentes que he de ordenar dejándome la vida. Vienes, te vas y vuelves, avivando mi tormento, envolviéndome en tu abrazo agotador, arrancándome el aliento cual verdugo inexorable. Y te alejas dejándome incompleta, solo soy un tramo del camino que recorres en tu huida a esconderte en mis sentidos, para volver a sorprenderme cuando me crea vencida.
Paso a paso voy descubriendo que nada puede ser dejado atrás. Las caídas profundas, los caminos bloqueados, las sorpresas afligidas, las desilusiones… encuentro el momento, el lugar y el tiempo para hacer a un lado las preguntas de mi esencia. Me deslizo evitando la búsqueda de respuestas y tropiezo otra vez con la realidad ofuscada y vacía que me encanta jugar, intentando ocupar los espacios con la alegría de lo más simple y sensible. Así toda mi nada es dichosa, y mis ojos sólo miran fuera, encontrando descanso y hasta cierta felicidad, a pesar de la crueldad del mundo que nos domina. Pero lo cierto es que una vida tiene dos caras, diferentes pero conectadas entré sí, dependiendo una de otra, formando la posibilidad de existencia para ambas. Una de ellas mira hacia el exterior, la otra hacia lo mas profundo de uno mismo. Y en el instante más efímero en el cual se pierde el equilibrio, cuando la vista hacia mi interior resultó ser más profunda, todo mi mundo se hunde dentro de los olvidos más tristes y vulnerables que nunca fueron hablados. Recuerdos vivos que ahora golpean destruyendo el silencio, me obligan a descubrir la situación más real mostrándome que las cosas no se pierden ni se destruyen, sino que se dejan de lado, permaneciendo con tranquilidad dónde es difícil ver cuando creamos tantas paredes a nuestros ojos más íntimos.
Soy romántica, idealista, a la vez que realista, términos que en mi se han reconciliado.
¿Compañía o Soledad?Me gusta la soledad una pequeña parte del día, me parece necesaria, sentarme en un café y ver la gente pasar, caminar a solas por las calles observando y mirando a los ojos a extraños que te sonríen, ... Pero también encontrar el reposo, el poder sentirme tranquila en medio de la multitud bulliciosa de conversaciones y buenos momentos con mis amigos.